En el pasaje de hoy, la mujer reconoce sus pecados y se acerca a Jesús. Sus lágrimas y acciones son una expresión importante de su fe. Aprendemos que reconocer nuestros propios pecados y acercarnos al Señor es el comienzo de la fe.
36. Y le rogó uno de los Fariseos, que comiese con él. Y entrado en casa del Fariseo, sentóse á la mesa.
El pasaje de hoy muestra el verdadero significado de la fe y el amor a través del contraste entre Jesús y dos personas. El fariseo Simón se presenta como justo y juzga a Jesús, mientras que la mujer pecadora reconoce sus pecados y se acerca a Jesús, llorando y lavando sus pies con sus lágrimas como expresión de amor. Jesús enfatiza que ambos tienen deudas por sus pecados y que nadie puede salvarse por sí mismo, y dice que el verdadero amor proviene de la gracia del perdón. Esperamos que nuestra fe y amor se traduzcan en una profunda dedicación hacia Jesús.
- Lucas 7:36 36. Y le rogó uno de los Fariseos, que comiese con él. Y entrado en casa del Fariseo, sentóse á la mesa.
- Lucas 7 1. Y COMO acabó todas sus palabras oyéndole el pueblo, entró en Capernaum. 2. Y el siervo de un centurión, al cual tenía él en estima, estaba enfermo y á punto de morir. 3. Y como oyó hablar de Jesús, envió á él los ancianos de los Judíos, rogándole que viniese y librase á su siervo. 4. Y viniendo ellos á Jesús, rogáronle con diligencia, diciéndole: Porque es digno de concederle esto; 5. Que ama nuestra nación, y él nos edificó una sinagoga. 6. Y Jesús fué con ellos. Mas como ya no estuviesen lejos de su casa, envió el centurión amigos á él, diciéndole: Señor, no te incomodes, que no soy digno que entres debajo de mi tejado; 7. Por lo cual ni aun me tuve por digno de venir á ti; mas di la palabra, y mi siervo será sano. 8. Porque también yo soy hombre puesto en potestad, que tengo debajo de mí soldados; y digo á éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y á mi siervo: Haz esto, y lo hace. 9. Lo cual oyendo Jesús, se maravilló de él, y vuelto, dijo á las gentes que le seguían: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe. 10. Y vueltos á casa los que habían sido enviados, hallaron sano al siervo que había estado enfermo. 11. Y aconteció después, que él iba á la ciudad que se llama Naín, é iban con él muchos de sus discípulos, y gran compañía. 12. Y como llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que sacaban fuera á un difunto, unigénito de su madre, la cual también era viuda: y había con ella grande compañía de la ciudad. 13. Y como el Señor la vió, compadecióse de ella, y le dice: No llores. 14. Y acercándose, tocó el féretro: y los que lo llevaban, pararon. Y dice: Mancebo, á ti digo, levántate. 15. Entonces se incorporó el que había muerto, y comenzó á hablar. Y dióle á su madre. 16. Y todos tuvieron miedo, y glorificaban á Dios, diciendo: Que un gran profeta se ha levantado entre nosotros; y que Dios ha visitado á su pueblo. 17. Y salió esta fama de él por toda Judea, y por toda la tierra de alrededor. 18. Y sus discípulos dieron á Juan las nuevas de todas estas cosas: y llamó Juan á dos de sus discípulos, 19. Y envió á Jesús, diciendo: ¿Eres tú aquél que había de venir, ó esperaremos á otro? 20. Y como los hombres vinieron á él, dijeron: Juan el Bautista nos ha enviado á ti, diciendo: ¿Eres tú aquél que había de venir, ó esperaremos á otro? 21. Y en la misma hora sanó á muchos de enfermedades y plagas, y de espíritus malos; y á muchos ciegos dió la vista. 22. Y respondiendo Jesús, les dijo: Id, dad las nuevas á Juan de lo que habéis visto y oído: que los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos resucitan, á los pobres es anunciado el evangelio: 23. Y bienaventurado es el que no fuere escandalizado en mí. 24. Y como se fueron los mensajeros de Juan, comenzó á hablar de Juan á las gentes: ¿Qué salisteis á ver al desierto? ¿una caña que es agitada por el viento? 25. Mas ¿qué salisteis á ver? ¿un hombre cubierto de vestidos delicados? He aquí, los que están en vestido precioso, y viven en delicias, en los palacios de los reyes están. 26. Mas ¿qué salisteis á ver? ¿un profeta? También os digo, y aun más que profeta. 27. Este es de quien está escrito: He aquí, envío mi mensajero delante de tu faz, el cual aparejará tu camino delante de ti. 28. Porque os digo que entre los nacidos de mujeres, no hay mayor profeta que Juan el Bautista: mas el más pequeño en el reino de los cielos es mayor que él. 29. Y todo el pueblo oyéndole, y los publicanos, justificaron á Dios, bautizándose con el bautismo de Juan. 30. Mas los Fariseos y los sabios de la ley, desecharon el consejo de Dios contra sí mismos, no siendo bautizados de él. 31. Y dice el Señor: ¿A quién, pues, compararé los hombres de esta generación, y á qué son semejantes? 32. Semejantes son á los muchachos sentados en la plaza, y que dan voces los unos á los otros, y dicen: Os tañimos con flautas, y no bailasteis: os endechamos, y no llorasteis. 33. Porque vino Juan el Bautista, que ni comía pan, ni bebía vino, y decís: Demonio tiene. 34. Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: He aquí un hombre comilón, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores. 35. Mas la sabiduría es justificada de todos sus hijos. 36. Y le rogó uno de los Fariseos, que comiese con él. Y entrado en casa del Fariseo, sentóse á la mesa. 37. Y he aquí una mujer que había sido pecadora en la ciudad, como entendió que estaba á la mesa en casa de aquel Fariseo, trajo un alabastro de ungüento, 38. Y estando detrás á sus pies, comenzó llorando á regar con lágrimas sus pies, y los limpiaba con los cabellos de su cabeza; y besaba sus pies, y los ungía con el ungüento. 39. Y como vió esto el Fariseo que le había convidado, habló entre sí, diciendo: Este, si fuera profeta, conocería quién y cuál es la mujer que le toca, que es pecadora. 40. Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él dice: Di, Maestro. 41. Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta; 42. Y no teniendo ellos de qué pagar, perdonó á ambos. Di, pues, ¿cuál de éstos le amará más? 43. Y respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquél al cual perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado. 44. Y vuelto á la mujer, dijo á Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, no diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha limpiado con los cabellos. 45. No me diste beso, mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. 46. No ungiste mi cabeza con óleo; mas ésta ha ungido con ungüento mis pies. 47. Por lo cual te digo que sus muchos pecados son perdonados, porque amó mucho; mas al que se perdona poco, poco ama. 48. Y á ella dijo: Los pecados te son perdonados. 49. Y los que estaban juntamente sentados á la mesa, comenzaron á decir entre sí: ¿Quién es éste, que también perdona pecados? 50. Y dijo á la mujer: Tu fe te ha salvado, ve en paz.
- 1 Pedro 2 1. DEJANDO pues toda malicia, y todo engaño, y fingimientos, y envidias, y todas las detracciones, 2. Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual, sin engaño, para que por ella crezcáis en salud: 3. Si empero habéis gustado que el Señor es benigno; 4. Al cual allegándoos, piedra viva, reprobada cierto de los hombres, empero elegida de Dios, preciosa, 5. Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados una casa espiritual, y un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, agradables á Dios por Jesucristo. 6. Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí, pongo en Sión la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; y el que creyere en ella, no será confundido. 7. Ella es pues honor á vosotros que creéis: mas para los desobedientes, la piedra que los edificadores reprobaron, ésta fué hecha la cabeza del ángulo; 8. Y Piedra de tropiezo, y roca de escándalo á aquellos que tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; para lo cual fueron también ordenados. 9. Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, gente santa, pueblo adquirido, para que anunciéis las virtudes de aquel que os ha llamado de las tinieblas á su luz admirable: 10. Vosotros, que en el tiempo pasado no erais pueblo, mas ahora sois pueblo de Dios; que en el tiempo pasado no habíais alcanzado misericordia, mas ahora habéis alcanzado misericordia. 11. Amados, yo os ruego como á extranjeros y peregrinos, os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, 12. Teniendo vuestra conversación honesta entre los Gentiles; para que, en lo que ellos murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen á Dios en el día de la visitación, estimándoos por las buenas obras. 13. Sed pues sujetos á toda ordenación humana por respeto á Dios: ya sea al rey, como á superior; 14. Ya á los gobernadores, como de él enviados para venganza de los malhechores, y para loor de los que hacen bien. 15. Porque esta es la voluntad de Dios; que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres vanos: 16. Como libres, y no como teniendo la libertad por cobertura de malicia, sino como siervos de Dios. 17. Honrad á todos. Amad la fraternidad. Temed á Dios. Honrad al rey. 18. Siervos, sed sujetos con todo temor á vuestros amos; no solamente á los buenos y humanos, sino también á los rigurosos. 19. Porque esto es agradable, si alguno á causa de la conciencia delante de Dios, sufre molestias padeciendo injustamente. 20. Porque ¿qué gloria es, si pecando vosotros sois abofeteados, y lo sufrís? mas si haciendo bien sois afligidos, y lo sufrís, esto ciertamente es agradable delante de Dios. 21. Porque para esto sois llamados; pues que también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que vosotros sigáis sus pisadas: 22. El cual no hizo pecado; ni fué hallado engaño en su boca: 23. Quien cuando le maldecían, no retornaba maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino remitía la causa al que juzga justamente: 24. El cual mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros siendo muertos á los pecados, vivamos á la justicia: por la herida del cual habéis sido sanados. 25. Porque vosotros erais como ovejas descarriadas; mas ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas.
- Isaías 53:5 5. Mas él herido fué por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados: el castigo de nuestra paz sobre él; y por su llaga fuimos nosotros curados.
- Juan 10:28 28. Y yo les doy vida eterna: y no perecerán para siempre, ni nadie las arrebatará de mi mano.
La esencia de la fe es reconocer que somos pecadores
- Contraste de dos personas
- La esencia de la fe
Seis días de devocionales tomados del sermón de este domingo — uno para cada día, de lunes a sábado.
Cinco preguntas del mensaje de este domingo. Toca una respuesta para verificar.
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¿Cuál es el pasaje bíblico del sermón de hoy?
El pasaje del sermón es Lucas 7:36-50.
Hoy, la palabra de Dios que se nos da es Lucas 7:36-50. Permítanme leerlo.
Un fariseo invitó a Jesús a comer con él, y cuando entró en la casa del fariseo y se sentó a la mesa, una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume, y estando detrás de él, a sus pies, llorando, comenzó a regar sus pies con lágrimas y los enjugaba con los cabellos de su cabeza, y besaba sus pies y los ungía con el perfume. Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Si este fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora. Y Jesús, respondiendo, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él dijo: Di, Maestro. Un acreedor tenía dos deudores; el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta. Y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos le amará más? Respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquel a quien perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado. Y volviéndose a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas ella ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos. No me diste beso; mas esta, desde que entró, no ha cesado de besar mis pies. No ungiste mi cabeza con aceite; mas ella ha ungido mis pies con perfume. Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados; porque amó mucho; mas al que se le perdona poco, poco ama. Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados. Y los que estaban juntamente sentados a la mesa comenzaron a decir entre sí: ¿Quién es este que también perdona pecados? Pero él dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado; ve en paz. Amén.
He estado visitando grupos de oración, y una de las cosas que me ha alegrado y agradecido es que he podido conocer y compartir con varios miembros de la iglesia. Cuando nos reunimos en la adoración, me doy cuenta de que la experiencia es diferente a cuando nos encontramos en un grupo más pequeño, donde podemos hablar y conocer más a fondo las vidas y la fe de los miembros. En particular, me he sentido agradecido al darme cuenta de que hay muchas personas que están reflexionando seriamente sobre su fe. En uno de los grupos, un miembro me preguntó sinceramente sobre lo que significa creer. Dado que el tiempo en el grupo es limitado, le dije que hablaríamos más tarde. Al escuchar esa pregunta, tuve dos pensamientos. Primero, me sentí agradecido. Nuestros miembros no ven su fe como algo trivial o automático; se están preguntando: ¿Realmente creo? ¿Qué significa creer? Esto muestra que están reflexionando seriamente ante Dios. En segundo lugar, pensé que sería bueno compartir con nuestros miembros lo que la Biblia dice sobre la fe. Así que el pasaje de hoy es muy adecuado para esa conversación.
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